domingo, 7 de octubre de 2012

Color luna.


Llegué y me venciste. Caí rendida bajo tus ojos. Huesos.

Color luna y tú le aúllas al cielo. Yo callo y me escondo entre rincones. Color noche y caemos al vacío, como Alicia en su agujero pero sin conejo blanco ni flamencos. Eres el rey rojo, rojo sangre como todos los corazones menos el tuyo. Azul, frío, estrellas que esconden nuestra locura. Dejé de pintar rosas en el momento en el que te transformaste y pasé a reordenar mis pensamientos a cada hora en punto.

Color luna y me curaba las heridas. Una oruga azul que fuma en pipa me espera en la mesilla de mi cuarto y me cuenta tus secretos más oscuros. Viajo a otro lugar del universo, la velocidad de la luz no es tan rápida como tus pulsaciones. En mis sueños siempre aparecen flores que hablan con enigmas de otras vidas.

Color luna y nos amoratábamos los labios. La ciudad era demasiado grande para encontrarnos. Tomaba el té con la liebre de marzo en cualquier lugar y un hombre con sombrero se sentaba a nuestro lado. Las luces nos cegaban, naranja, amarillo, rojo. Corríamos a oscuras. La ciudad era demasiado pequeña para ambos. Dos hermanos gorditos comían helado mientras tú le tirabas piedras al río. La verdad era sal y azúcar al mismo tiempo. Espiaban desde los rincones. Expiaban cada uno de nuestros pecados. Escalofríos, temblores, impresiones vacías.

Un gato de rayas se aparecía y desaparecía cada noche en nuestro tejado.




(Tras casi un año, he vuelto. Mis musas se habían escapado y por más que las llamase no querían volver.
Os he echado de menos)

jueves, 17 de noviembre de 2011

un leve nosotros.

Superponemos los besos en los labios, hasta que estos están demasiado ocupados en respirar y pasamos a las manos. Al intercambio fugaz entre las caricias lentas y las rápidas, a la imposibilidad de contar cada uno de nuestros latidos. El color de nuestras pieles se parece, somos nieve sobre nieve generando calor. Creamos nuevos universos entre el lío de sábanas y el colchón. 
De fondo suena el silencio, y un leve nosotros.
Mientras, desde el cielo, la Luna nos espía para contarle nuestras historias a quien esté dispuesto a escucharlas.