Hablamos para no echarnos de menos. Tú y yo. Y yo otra vez y tú de nuevo. Pero por separado. No un nosotros, ahora. Juntos, pegados, pero completamente lejos. Como el Ying y el Yang. Si, exactamente como eso. El negro y el blanco, al lado, pero sin formar gris. Demasiado egoístas para eso, para compartirse. Como el pasado nosotros. No. Lo nuestro no era egoísmo. Lo que pasaba es que a ti y a mi nunca nos gustó ese color del que se ponía el cielo cuando llovía.
En verano, Madrid (ganasganasganas).
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martes, 27 de abril de 2010
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